dijous, 5 de juny de 2014

Opinió


 MENUDO LÍO

Juan José Millás

Hay que redefinir las palabras populismo, radical, extremista, antisistema… Hay que redefinir sensato, moderado, constitucionalista… Ha sido tal el grado de perversión que hemos introducido en el lenguaje, que de repente está todo por hacer. Como en el principio de los tiempos , tenemos que poner nombre a las cosas. ¿Cómo llamar, por ejemplo, a la acción de estafar a los jubilados con un producto basura  al que sin embargo se llama preferente? ¿Qué verbo utilizar para denominar el disparate de que el autor de la estafa esté en su casa y el juez que intentó meterle en la cárcel en la calle? Ahí tenemos un reto. Consensuemos un nombre. Es importante que cuando llamemos robar a robar estemos de acuerdo en lo que queremos decir. Quizá lo estuvimos algún día, en un tiempo remoto, pero ahora mismo está todo confundido. Constitucionalistas, por ejemplo, son los que cambian un artículo fundamental de la Constitución por la noche, a espaldas de todos, mientras que anticonstitucionalistas son los que defienden el derecho, consagrado en la Carta Magna, a una vivienda y un trabajo dignos. Vaya lío.

Hay que volver a ponerle nombre a las cosas, pues. ¿Con qué término o conjunto de términos podríamos expresar la vergüenza provocada por la noticia de que el 95 % del dinero que el Estado recibe por los impuestos procede de la gente, entendiendo por gente nosotros, usted y yo, porque las grandes empresas y los ricos disponen de herramientas para escaquearse? ¿Cómo explicar, con qué sintaxis, que el Estado, lejos de perseguirla, alienta esa distribución tan injusta de la riqueza? O bien no hay palabras o bien las hemos utilizado en los últimos tiempos de tal modo que hemos pervertido su sentido. Urge restituírselo o inventar una nomenclatura nueva. Tendríamos que construir las frases de manera que su significado no dejara lugar a dudas, que no se pudieran manipular para expresar lo contrario. ¿Cómo llamaríamos a la prevaricación o, mejor aún, cómo llamaríamos al hecho de proyectar sobre otro los instintos prevaricadores propios?  Es mucha responsabilidad para una palabra, pero hay que intentar hallarla para dejar de actuar a ciegas. Ahora mismo, a oscuras como estamos, deberíamos reinventar hasta la palabra luz.

Levante emv 2-6-2014   

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