dijous, 6 de març de 2014

No entiendo nada



A vueltas con lo mismo
María José Muñoz Peirats

No entendía ya nada, cuando las primeras y esperanzadoras elecciones de 1977. No entendía aquel ciego furor que atacaba todo lo catalán, no se salvaban ni las aspirinas Bayer, fabricadas en Barcelona. Recuerdo una de las primeras reuniones de UCD: el nefasto (con perdón) Abril Martorell, venido de Madrid (Castilla), rígido y confiado, llevaba aires de superioridad en la mirada. Osé decirle que aquello era una locura, me miró con un cierto paternalismo: «Confía en mí», dijo. «No le conozco contesté, confío en los liberales: Burguera; Noguera de Roig; Muñoz Peirats?» (Que ahora nadie se adjudique un falso liberalismo. Aquel liberalismo sucumbió con la caza a muerte de los auténticos liberales. Franco ya los odiaba y temía.)
El aullido, los rugidos insultantes de aquella lejana noche me vienen a la memoria como un golpe seco. Supe, desde el primer momento, que allí, como no existían ideologías, se vendían emociones al pueblo sediento de democracia y, en la búsqueda enloquecida de votos, esas emociones se traducían en odio: ¡Los catalanes nos invaden! Nunca había vivido nada semejante, llamaban amigos catalanes que tampoco entendían nada. Amenazas; insultos; pintadas? asediaban la ciudad.
Escribo invadida de tristeza por este antiguo reino al que amo profundamente. Los que provocan esta sinrazón y los que se suman a ella ni siquiera profundizan en nuestra historia, no interesa. Desconocen El dialogo de la lengua, de Juan de Valdés del siglo XVI, publicada en 1736 por Gregorio Mayans. No hay un solo romanista mundial que no diga que el valenciano y el catalán son la misma lengua. Se atreven a plantar cara al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Castellana y pedirle que cambie la definición de su diccionario. Una institución de trecientos años y en cuyos sillones se sientan los mejores especialistas sobre las distintas lenguas que se hablan en España y el por qué unas y otras se influyen.
Sería conveniente que nos detuviéramos en obras de teatro de los siglos XV y XVI, en las cuales los personajes, representados por los actores, hablaban la lengua de la nación a la que se decía pertenecían, sin que los espectadores dejaran de entenderles. Lluis del Milà escribió Lo Cortesano a la par en castellano y valenciano. El gran Camões, el autor de Os Lusiadas, en su juventud escribió en castellano y portugués sin dar lugar a conflictos lingüísticos.
Con todo respeto, me pregunto, si el actual decano de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana, el segoviano Enrique de Miguel, habla valenciano, y si todas las cuestiones administrativas y de funcionamiento interno, de esta Real Acadèmia, se escriben en nuestra lengua.
¿Por qué se tiene que dudar e insultar a l'Acadèmia Valenciana de la Llengua que lleva doce años trabajando en el Diccionari Normatiu? La forman auténticos catedráticos de la Universitat, reconocidos internacionalmente. Veinte académicos entre los mejores lingüistas de la lengua valenciana. Fue creada por la ley de la Generalitat 7/1998, del 16 de septiembre, aunque no se constituyó hasta el 23 de julio de 2001. En 2006 pasó a ser el único organismo competente en la regulación del valenciano con personalidad jurídica propia y autonomía.
Pero ¡ay! las pintadas agresivas con frases amenazantes en la casa del presidente de la Acadèmia, Ramon Ferrer, nos llevan a vueltas con la triste historia de este pueblo. ¡Que los políticos no lo distraigan! Porque este pueblo es ya una sociedad distinta, que ha evolucionado y lo que le preocupa es la crisis; los puestos de trabajo; los precios de nuestras cosechas; las corrupciones; los gastos suntuosos? y estamos todos entristecidos por haber perdido Bancaixa, el Banco de Valencia y la CAM, y ahora hablan de catalanismo aquellos que han vendido la CAM y el Banco de Valencia a grandes financieras catalanas, y lo que nos faltaba: ¡¡el Valencia C.F. a punto de ser vendido también!! Eso sí es quebrantar el compromiso político, y robarles a los valencianos el sentimiento de pueblo. Como dice El Roto, «En política, si no sabes cómo resolver un problema, crea otro».
Y yo tengo 70 años y ya no me callo.

Levante emv 1-3-2014

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